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sábado, 3 de noviembre de 2018

Más consejos a la hora de argumentar

La argumentación es la fase central de la venta. Durante la misma habremos de exponer (al cliente potencial), los beneficios que presenta el artículo que estamos vendiendo.
En una entrada anterior, titulada: “algunos consejos a la hora de-argumentar”, se expusieron algunos consejos útiles en el momento de argumentar la venta. Nos centramos en señalar que:
a).- Es imprescindible preparar la argumentación.
b).- Hemos de responder a las necesidades del cliente (por lo que previamente, habremos de preguntar para conocer qué necesita).
c).- Se ofrecerá una solución a dichas necesidades, empleando un discurso ordenado u que explique bien cómo la solución que proponemos satisfará las necesidades del cliente.
A continuación daremos más consejos que nos serán muy útiles a la hora de argumentar la venta:
1.- CONSERVAR LA CALMA Y RESPONDER DESPACIO
Se tiene la tentación de decirlo todo y deprisa. Sin embargo, para mostrar seguridad lo mejor es escoger pocos argumentos y presentarlos tranquilamente y sin prisa.
Argumentar muy deprisa tiene 3 inconvenientes:
a).- Cuando empezamos a argumentar es posible que el interés del cliente aún no se haya despertado (con lo que no nos escuchará). De tal suerte, deberemos esperar a que nuestro interlocutor esté interesado para comenzar a argumentar.
b).- Puede que estemos citando argumentos poco adaptados a las expectativas del cliente. Normal, ¡si no nos hemos detenido a conocerlas!
c).- La precipitación va en contra del principio de autoridad. Argumentar inmediatamente indica una necesidad de justificarse, o una sumisión. Recuerda al comportamiento de un escolar frente a un maestro. En lugar de a un vendedor seguro de sí mismo. Hemos visto que: tomar una postura de autoridad y superioridad (por ejemplo: frente en alto, hombros hacia atrás, estómago hacia adentro, y una mirada asertiva), puede incrementar significativamente la capacidad de PERSUASIÓN.
Por todo esto, sólo deberemos escoger algunos argumentos. En lugar de citar numerosos argumentos, es preferible “hacer de cada argumento una venta”. Dedicando el tiempo preciso a cada uno de los argumentos elegidos, y no pasando al siguiente hasta que nuestro interlocutor haya entendido cómo se beneficia.
2.- ELEGIR EL ORDEN DE PRESENTACIÓN DE SUS ARGUMENTOS
Aunque sean igualmente pertinentes, todos nuestros argumentos no tendrán la misma importancia para el cliente. Uno serán más importantes y otros menos. ¿Por cuáles comenzar?, ¿debemos empezar por el argumento más fuerte y continuar decreciendo, o comenzar por el argumento más débil para ir aumentando la presión?
Howlan, un psicólogo social concluyó que se debe elegir el orden de presentación en función del grado de escepticismo de nuestro interlocutor.
Para cerrar una venta (o una venta complementaria), frente a un cliente ya ganado para nuestra causa, lo mejor es ir presentando nuestros argumentos desde el más débil al más fuerte. Como un político en un mitin: ir subiendo de intensidad a lo largo del discurso para mantener la atención. Lo contrario haría perder fuerza a sus últimos argumentos.
En el marco de una búsqueda de clientes, de la conquista de un cliente que compra a un competidor, o frente a un interlocutor poco favorable, tendremos que adoptar el estilo observado en las películas de juicios: comenzaremos con un argumento muy fuerte capaz de provocar una grieta en la posición (del jurado en la película, del cliente que queremos convencer en la venta). Una vez creada la grieta (una vez logrado que el potencial cliente se cuestione su situación actual), el abogado (el vendedor, en nuestro caso), se esforzará en explotar la grieta con otros argumentos que desarrollará a continuación.
3.- HABLAR EN EL LENGUAJE DEL CLIENTE
No emplee términos de argot, técnicos, ni complejos. utilice el lenguaje de forma natural y sin complicaciones.
Si no se manejan con cuidado, el argot y los tecnicismos pueden generar situaciones de bloqueo, pues los términos desconocidos llevan a la confusión, y aveces al rechazo.
Si usamos excesivos tecnicismos, nos pueden suceder dos cosas:
a).- Que el cliente sea un neófito y, como consecuencia, rechace el artículo por demasiado complicado.
b).- Que el cliente sea todo un experto en la materia, y desee demostrar que sabe más que nosotros. en este caso la conversación corre el riesgo de degenerar en una discusión, que sólo tendrá un perdedor: NOSOTROS.
No se argumenta mejor por decir muchas veces lo mismo, ni por expresar con muchas palabras lo que podría decirse con muchas menos. La amplitud excesiva del discurso aumenta el riesgo de cometer errores o, lo que es peor provocar hastío en el oyente. Trasmitamos con precisión, de forma justa, y sin rodeos.
No se argumenta bien por hacer muchas referencias a palabras prestigiosas, expertos famosos, etc. Lo que cuenta es lo que se dice y las razones que lo avalan. Y la calidad y fortaleza de esas razones son responsabilidad exclusiva del que argumenta.
4.- UTILIZAR ANECDOTAS
Porque nos acordamos mejor de un ejemplo que de explicaciones detalladas.
Es más fácil captar la atención con un ejemplo o anécdota que con una explicación detallada de carácter técnico. Este es el motivo por el que los oradores y conferenciantes suelen empezar con un ejemplo o con un chiste.
5.- REPETIR EL ARGUMENTO QUE MAS AGRADA AL CLIENTE
No dudaremos en hacerle hablar sobre este punto, en pedirle que nos dé ejemplos. Pues debido al principio de coherencia, se está mucho más dispuesto a aceptar algo si la propuesta se corresponde con compromisos o afirmaciones que previamente se han hecho. Buscamos conseguir, poco a poco, que (el cliente), se implique cada vez más con nuestras afirmaciones.
Pues la necesidad de ser coherente irá jugando a nuestro favor. así, sin que el cliente se haya dado cuenta, ¡lo habremos convertido en vendedor de nuestro producto/servicio!
De tal suerte, aprovecharemos todos los argumentos que nos dé. ¡Valen el doble porque están contados por el mismo!  Recordemos que: si hacemos pública una postura, seremos todavía más reticentes a cambiarla, ya que nos gusta mostrarnos como personas firmes frente los demás.
6.- ALUDIR A REFERENCIAS QUE SE ASEMEJEN A SU CLIENTE
Imaginemos que estamos fuera, que es hora de comer y necesitamos un restaurante. Si buscamos un restaurante agradable ¿entraríamos en uno cuyo comedor está vacío?
Probablemente pasaríamos de largo, salvo que (a la hora de tomar la decisión), estemos seguros de la calidad de su cocina.
Cuando dudamos a la hora de tomar una decisión, tendemos a recordar el comportamiento de otras personas que se nos parecen (¿recuerdan el principio de conformidad de social?).
Por otro lado, eso somos más proclives a aceptar peticiones de aquellas personas que nos resultan agradables. La gente prefiere decir “sí” aquellos por los que tienen simpatía, un factor que provoca simpatía es la semejanza (es el efecto “uno de los nuestros”). Nos gusta la gente que es igual que nosotros. Otro factor que aumenta la simpatía es la familiaridad. Es palmario que si tenemos que comprar algo es más fácil que lo hagamos cuando el artículo que nos están vendiendo nos es familiar. Porque la exposición repetida a un estímulo aumenta nuestra atracción hacia él. Hay una tendencia a evaluar de manera más positiva los objetos que nos son más familiares que los nuevos. ¡Es el principio de simpatía!
Por ese motivo durante la venta se utilizan referencias de quienes se parecen a nuestro cliente.
Un representante consiguió que le hiciéramos un pedido de cremas para tratar arañas vasculares, refiriéndonos la anécdota de cómo un compañero farmacéutico (en un principio escéptico como nosotros), la probó para disimular pigmentaciones debidas a problemas de retorno venoso que tenía en sus tobillos, y la crema lograba (temporalmente) hacerlas desaparecer.
Posteriormente leímos que el efecto se debía a que contenía microcristales que actúan como un espejo reflejando el color de su alrededor, reduciendo así la visibilidad de las imperfecciones.
Por cierto (y disculpen el inciso) ¿se han percatado de cómo he usado las anécdotas a lo largo de este apartado?
7.- EMPLEAR ELEMENTOS VISUALES
Los estímulos visuales ayudan al vendedor a controlar la presentación y a mantener la atención del cliente.
Fotos folletos, gráficos o simples bocetos realizados a mano alzada llaman la atención del cliente y facilitan la comprensión del mensaje
Si al mensaje verbal le añadimos las imágenes adecuadas, el cliente retiene en su memoria mucha más información.
Además, acerque el producto al cliente. Los estudios de merchandising afirman que si el cliente puede tocar el producto es más fácil que lo compre.

martes, 11 de septiembre de 2018

La coherencia y el compromiso. Aplicación en ventas 2

En las 2 entradas anteriores hemos hablado del principio de coherencia y cómo es activado por el compromiso:
Una vez se ha aceptado un compromiso, la persona modifica su comportamiento para adecuarse a ese compromiso y ser coherente. Si el compromiso es público, activo (libre), sin presiones externas y requiere esfuerzo, tendrá aún más fuerza. De tal suerte que, se está mucho más dispuesto a aceptar algo si la propuesta se corresponde con compromisos o afirmaciones que previamente se han hecho.
También hemos explicado que existen tres tácticas que emplean este principio de coherencia. Durante las ventas, se emplean para: convencer o generar un deseo, influir en los indecisos y/o motivar la compra. Hemos expuesto las 2 primeras: “el pie en la puerta” y “un penique es suficiente”.
Hoy explicaremos cómo emplear la última de estas tácticas basadas en el principio de coherencia: La bola baja, o como prefiero denominarla, bola a la base.
LA TÁCTICA DE LA BOLA BAJA (O DE LA BOLA A LA BASE):
Se pretende conseguir que la persona se comprometa a realizar una conducta basándose en una información que es falsa o incompleta. Se llega a un acuerdo sobre unas bases o condiciones, pero una vez que se ha tomado la decisión y se ha llegado a un compromiso se empeoran las condiciones iniciales.
Un ejemplo que recoge Cialdini, sucedía en un concesionario de coches: a ciertos clientes se les ofrece un coche a muy buen precio, muy por debajo del que ofrece la competencia. El cliente a menudo toma la decisión de comprar el coche en ese concesionario debido a tan atractiva oferta. Además, se obliga al cliente a desempeñar cierto número de actividades con el fin de despertar en él un sentimiento de compromiso personal hacia el coche: se rellenan unos cuantos impresos de compra, se acuerdan las condiciones de financiación, se le deja probar el coche un día “para que se acostumbre a él y pueda enseñárselo a sus vecinos y compañeros de trabajo”. Así, el cliente desarrolla toda una serie de nuevas razones o “pilares” psicológicos que apoyan su decisión de compra. Entonces ocurre algo (descubrimiento de un error de cálculo: no se incluyó el coste del aire acondicionado o el jefe de ventas, tras una discusión, no autoriza la venta, o se había sobrevalorado el precio de su coche usado, etc.).
El cliente compensa la pérdida y se consuela, o incluso se siente feliz, pensando en las restantes buenas razones que apoyan su decisión. Nunca cae en la cuenta de que, de no haber sido por su decisión inicial, todas esas razones adicionales tal vez no habrían existido.

Es la táctica del “precio gancho”: Se publicita un producto de elevado precio con unas condiciones muy ventajosas, pero cuando el cliente llega a la tienda ya no queda es de producto, (al preguntar al dependiente nos dice que: "ya no quedan pues envían sólo tres por tienda". Al parecer lo ponen en letra pequeña en el anuncio). No obstante, sí disponen de otros de características similares, aunque en condiciones menos ventajosas.
Sin embargo, (después de haber tomado varias decisiones: vestirse, llamar a un amigo, desplazarse a la tienda…) lo más probable es que, cuando se reciba la información correcta se tienda a continuar con el compromiso inicial: se está dispuesto a comprar el otro artículo aunque se modifique la base (la ganga) sobre la que tomó su decisión inicial.
Existen variados ejemplos en los que entra en juego este principio: cuando va a un supermercado a por leche de oferta y se tiene que contentar con otra más cara porque la de oferta se ha agotado, o cuando va a comprar algo y se da cuenta de que el producto es ligeramente diferente del anunciado inicialmente. Raramente nos daremos la vuelta y saldremos del establecimiento, a causa del principio de coherencia.
Personalmente no me parece recomendable, porque es una gran fuente de frustración para los clientes. No obstante, la he usado en casa:
En el segundo trimestre, mi hijo adolescente vagueó en exceso y suspendió cuatro asignaturas. Y empleé la bola a la base:
1º.- Le propusimos (su madre y yo) el siguiente trato: Aprueba al menos 3 de las asignaturas (evitando repetir) y te compraremos esa consola que nos pides.
2º.- Lo dejamos estar, nuestro hijo comienza a ser más responsable y estudioso. Incluso imagino que se vería ya con  la consola nueva y se lo habría contado a muchos de sus amigos.
3º.- Cuando faltaba un mes para los exámenes, le dijimos que lo habíamos pensado, y que ese regalo era muy costoso, por lo que valía un mayor esfuerzo. Debía aprobar todas.
Al final nuestro hijo aceptó el reto (ya se había visto con la nueva consola, lo había contado en público, y desdecirse entre sus iguales cuesta). Por cierto, ¡lo logró!
Esta táctica se emplea en las farmacias:
Un delegado les llega con unas condiciones de compra muy buenas...
Tras exponer su oferta (consiguiendo nuestra atención), se interesa por conocer la salida potencial de su producto (cómo sale su producto, cómo se mueve en líneas generales su competencia directa…, por ejemplo: ¿cuánto dextrometorfano en jarabe sale al mes?
Y todo ello aderezado con un poco de principio de escasez: Es una promoción, su duración es limitada, si no se deciden perderán la oportunidad…
Y con algo de principio de reciprocidad: No hay problema, estamos en mayo, pero el pedido les llegará a comienzos de septiembre, y lo paga a 90-120 días, (lo va vendiendo durante 3 meses antes de pagarlo)…
Una vez logrado el compromiso, presentan el problema: las condiciones de compra tan buenas requieren cierto volumen de compra. Pero es que son unas condiciones muy buenas…
Y el titular que no pregunta a su equipo, se encontrará al final con dextrometorfano y cloperastina para año y medio…
Como ven, no se cuenta toda la verdad desde el principio. Primero se logra el compromiso y después se presentan los costos reales, porque esto produce mejores resultados que describir todos los costos antes de que el cliente tome la decisión.

En situaciones similares, esta táctica resulta más eficaz que la del  “pie en la puerta” ya que el compromiso inicial parte del propio sujeto.
Variables que incrementan la eficacia:
- Si el primer compromiso lo realiza la persona libremente,
- Si el compromiso es público, y
- Cuando se aumenta el número de conductas y obligaciones previos a la decisión final.
La principal diferencia entre las dos técnicas:
- En la del "pie en la puerta" a los sujetos se les pide que accedan a dos comportamientos, el inicial y el final.
- En la de la "bola a la base" a los sujetos se les pide que accedan a un solo comportamiento. En éste último caso, el compromiso de las personas es mayor, ya que han dicho sí previamente a ese comportamiento en concreto.
La táctica de la bola a la base va a sernos útil cuando: nos solicitan un producto que han visto anunciado en los mass media (medios de masas, como radio y Tv), y que no tenemos en existencias. Porque tenemos otro de similares (a veces idénticas características), cuyo fabricante en lugar de usar su dinero en publicidad, lo empleó en ofrecernos mejores condiciones de compra.
- Cliente: Buenos días, venía buscando SUP… unas vitaminas que en la tele dicen que están de oferta.
- Farmacéutico: Perdone la pregunta: las vitaminas, ¿son para usted?
- Cliente: Sí, son para mí.
- Farmacéutico: ¿y por qué piensa que necesita tomar vitaminas?
- Cliente: Porque me noto decaído y sin energía.
- Farmacéutico: Ajá, decaído y sin energía, ¿le ha ocurrido antes?
- Cliente: Me ocurre a veces, cuando empiezo tras las vacaciones, o cuando en invierno cojo un resfriado...
- Farmacéutico: Bueno las vitaminas activan la energía y vitalidad. Pero yo le recomiendo que el complejo vitamínico incluya ginseng que contrarreste ese cansancio.
- Cliente: ¿Ginseng?
- Farmacéutico: Sí, el ginseng es tonificante y revitalizante: aumenta el rendimiento físico y disminuye la sensación de fatiga. Además es adaptógeno: tiene acción antiestrés y mejora el estado de ánimo.
- Cliente: Bien.
- Farmacéutico: (va a por el complejo vitamínico que pone en las manos del cliente). Este complejo contiene vitaminas y minerales que necesita para mantener su vitalidad. Además lleva ginseng para contrarrestar el cansancio ocasionado por el estrés, las prisas, o el ritmo frenético. ¿De acuerdo?
- Cliente: De acuerdo.
- Farmacéutico: Además lleva probióticos que aportan 2 beneficios extra: Participan en la buena asimilación digestiva de vitaminas y minerales aumentando su eficacia. Y fortalece las defensas, protegiendo al organismo en periodo de estrés y agotamiento. ¿Se da cuenta? (Lo dice mientras hace esta última pregunta el farmacéutico cabecea asistiendo).
- Cliente: Me doy cuenta.
- Farmacéutico: Finalmente, lo tengo en promoción: “la 2ª unidad al 50%”. Te sale igual que SUP…
- Cliente: Vale me lo llevo.
En este caso, la verdad que he callado es que no tenemos la oferta de SUP… Por supuesto, podría haberlo dicho y continuado diciendo “pero tengo otro de oferta…”. Sin embargo, el uso de la táctica de la bola a la base mejora la tasa de conversión.
Recuerden: La necesidad de ser coherentes es una bicoca para los vendedores, que  han comprendido la fuerza del compromiso personal. Su poder nos induce a buscar constantemente nuevas justificaciones para nuestra decisión y nos hace olvidar que no habría ninguna necesidad de ellas si el compromiso no hubiera sido tomado de antemano. Dependiendo de los motivos de las personas que las utilizan, las tácticas basadas en la coherencia y el compromiso pueden emplearse tanto para bien como para mal. Lo importante es conocer y no perder de vista los mecanismos de su funcionamiento.

jueves, 6 de septiembre de 2018

La coherencia y el compromiso. Aplicación en ventas 1

En la entrada anterior vimos que:
La tendencia a ser coherentes en nuestras acciones es tan fuerte que nos puede obligar a hacer aquello que normalmente no haríamos o que no es de nuestro interés. La coherencia es tan poderosa debido a que se trata de un rasgo de la personalidad muy valorado. La coherencia se asocia a personas honradas. La persona cuyas creencias, palabras y obras no se corresponden con sus acciones es vista como indecisa, hipócrita e, incluso mentalmente inestable.
Lo que activa en nosotros el principio de coherencia es el compromiso. Si conseguimos que alguien se comprometa con algo, ya hemos creado las condiciones para que siga su tendencia natural y trate de ser coherente de una manera automática e irreflexiva.
Una vez hemos tomado una decisión o adoptado una postura, tendremos presiones personales e interpersonales para comportarnos de acuerdo con ese compromiso. Esas presiones nos harán responder de una manera que justifiquemos nuestra decisión anterior.
Si además escribimos esta postura de nuestro puño y letra, su poder de compromiso todavía es más acentuado. y si o hacemos público, aún seremos más reticentes a cambiar nuestra postura. De ahí que haya mucha gente que, en una discusión, se cierre en banda aunque es evidente que no tienen razón.
TÁCTICAS DE INFLUENCIA BASADAS EN EL PRINCIPIO DE COHERENCIA
Existen 3 tácticas (aunque hoy sólo veremos las 2 primeras):
1.- TÁCTICA DEL PIE EN LA PUERTA
Consiste en conseguir un compromiso inicial aunque sea de poca importancia, relacionado con nuestro objetivo. Una vez que el cliente lo acepta, (y hayamos metido el pie en la puerta), se pide un compromiso de mayor importancia (el que realmente se quería conseguir). Para no parecer incoherente, el receptor sucumbe a la segunda petición.
Ejemplo: Se solicitó a un grupo de personas que colocarán una pequeña pegatina, donde se recomendaba conducir con prudencia, en la puerta de su chalet y días después se les pidió colocar un gran cartel en su fachada, sobre el mismo tema. La inmensa mayoría  respondió que sí al cartel mientras que en el grupo de control (al que se les solicitó directamente si podían colocar el cartel) tuvo un porcentaje de rechazo mucho mayor (Freedman y Fraser).
Los resultados obtenidos se explican porque la persona, cuando realiza el primer comportamiento, se ve a sí mismo como alguien preocupado por la seguridad vial y que realiza conductas coherentes con esa actitud.
Esta táctica requiere que el objetivo lleve a cabo la primera de las acciones solicitadas.
Variables que incrementan la aceptación
- Cuando de forma explícita se etiqueta a la persona como defensora de una causa.
- La petición inicial requiere un esfuerzo pequeño.
- No pasa demasiado tiempo entre ambas peticiones.
- Cuando se informa a la persona que hay poca gente dispuesta a acceder a la 1ª petición.
Variables que reducen la eficacia de la táctica
- La segunda petición la realiza la misma persona e inmediatamente después de la 1ª.
- Se paga a las personas por realizar la primera petición.
EJEMPLOS DEL USO DE ESTA TÁCTICA EN VENTAS
Cuando tuvimos que cambiar el colchón, el vendedor usó con mi esposa esta técnica: En la tienda (al no verla muy convencida) le dijo: “no se preocupe, le digo a los chicos que se lo lleven a casa; lo tiene allí hasta que vea otro que le guste, y si no le gusta, me lo traigo sin compromiso”. Nosotros aceptamos este pequeño compromiso inicial, que nos condujo a aceptar un compromiso mayor posterior: la compra definitiva de ese colchón.

Muchas organizaciones comerciales emplean habitualmente este planteamiento. La estrategia de ventas consiste en conseguir pedidos importantes empezando por otros menores.  Cualquier venta pequeña servirá, porque la finalidad de las transacciones menores no es el beneficio, sino el compromiso, del cual se espera que surjan compras posteriores (mucho mayores) de forma natural. ¿Han observado que las condiciones con las que realizan el primer pedido a un proveedor son sensiblemente mejores que las de los pedidos posteriores (una vez que se es cliente de ese proveedor)?

Esta táctica del pie en la puerta, la utilizo continuamente en el mostrador:
- Farmacéutico: Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle?
- Cliente: Buenos días, deseaba unas vitaminas.
- Farmacéutico: Bien, unas vitaminas. Permítame 2 preguntas: las vitaminas, ¿son para usted? Y ¿qué síntomas tiene?
- Cliente: Pues ahora, tras las vacaciones, me encuentro cansado, se me hace muy cuesta arriba el día.
- Farmacéutico: Se siente cansado, ok. ¿Come bien?
- Cliente: Pues como regular, con el trabajo como cualquier cosa fuera de casa, y luego por la noche, tampoco hay muchas ganas de pasar mucho rato en la cocina, ¿sabe?
- Farmacéutico: Claro, no es raro. ¿Qué tal duerme?
- Cliente: Así, así. Me cuesta trabajo dormirme.
- Farmacéutico: Ya, eso provocará que durante el día se encuentre cansado. Una última pregunta: ¿hay presente algún problema escolar, familiar, laboral…?
- Cliente: No.
- Farmacéutico: Bien recapitulemos. Se encuentra cansado y sin ánimos para llevar adelante el día, come regular, le cuesta dormirse, y no hay presente ningún problema reseñable. ¿Es así?
- Cliente: Sí, así es.
- Farmacéutico: Bien, le recomiendo jalea real, contiene vitaminas, minerales y aminoácidos esenciales que hace que sea un excelente reconstituyente de las carencias nutricionales. Además actúa como revitalizante para recuperar la actividad general y aumentar la resistencia del organismo a la fatiga y el esfuerzo. ¿De acuerdo? (el farmacéutico asiente)
- Cliente: De acuerdo (el cliente devuelve el asentimiento).
-Farmacéutico (tras ir a buscar la jalea). Son X euros. También me comentó que no duerme bien ¿verdad?
-Cliente: Sí, no duermo bien.
- Farmacéutico: Para ello, le recomiendo doxilamina, que le permitirá dormir toda la noche. Así a la mañana siguiente se levantará descansado (el farmacéutico de nuevo asiente)…
De tal suerte que, el farmacéutico aprovechó la ocasión y realizó una venta cruzada.
Busco que mi cliente acepte un pequeño compromiso: admitir que he comprendido cuál es su necesidad/problema, reconocer que tengo un producto/servicio que satisface esa necesidad que lo trajo a mi mostrador (para eso le estoy argumentando cómo ese artículo que le presento satisfará su necesidad). Aceptar este pequeño compromiso inicial, le conducirá (por coherencia) a aceptar un compromiso mayor posterior: la compra definitiva de ese producto/servicio. Porque puedo hablar de validar nuestros argumentos, o de conseguir cierres parciales para lograr el cierre final de la venta. Pero como acaban de ver estoy empleando la táctica del pie en la puerta.
Otro ejemplo de la táctica del pie en la puerta: Alguien le aborda en la calle o le llama por teléfono para un pequeño cuestionario sin compromiso, y al cabo de un rato de conseguir el contacto le intenta vender algo.
Así, podríamos recibir una llamada de una compañía telefónica que nos ofrece su ADSL. Le decimos que no tenemos tiempo para atenderlo o que no nos interesa, ante lo cual lo más probable es que no adquiramos el ADSL. Sin embargo, puede que nuestro intelocutor nos solicite ayuda para mejorar el servicio, y nos ruegue que respondamos una pequeña encuesta. En este segundo caso, y quizás condicionados por nuestros modelos educacionales, accedemos a la petición. Como no andemos listos, el operador durante la nos hará una oferta que es probable, nos lleve a acabar adquiriendo el paquete de ADSL, o nos cambien la tarifa, o accedamos a comprar algún producto más de la misma compañía.
2.- TÁCTICA DE INCLUSO UN PENIQUE ES SUFICIENTE (incluso cinco duros vienen bien):
Esta táctica, práctica e ingeniosamente simple, para inducir contribuciones caritativas fue desarrollada y probada empíricamente por Cialdini y Schroeder (en 1976) (1). Consiste en llamar la atención de las personas sobre valores que son importantes e inducir una situación de influencia que evoque esos valores, de forma que la persona no puede rechazar una petición pequeña sin dejar de ser coherente con esos valores.
Su técnica implica agregar las palabras "incluso un centavo ayudará" a su solicitud de contribuciones. 
El procedimiento consistía en: abordar al sujeto y decir: "estoy recaudando dinero para la Sociedad Americana del Cáncer". Luego en la mitad de los casos (la condición de control), el recaudador de fondos añadiría: "¿estaría dispuesto a ayudar haciendo una pequeña donación?". Mientras tanto en la otra mitad de los casos (la condición un penique) el recaudador de fondos diría: "¿estaría dispuesto a ayudar haciendo una pequeña donación?, incluso un centavo ayudará". Se formuló la hipótesis de que al legitimar las pequeñas donaciones, excusas comúnmente utilizadas sobre la falta de dinero perderían credibilidad y, por lo tanto, las personas deberían contribuir.
Y la estrategia funciona porque se apela al autoconcepto del individuo que se percibiría como un tacaño si no accediera a una petición tan pequeña. La eficacia reside en que la persona da mucho más que la petición sugerida.
La táctica es muy eficaz en la recaudación de dinero para organizaciones benéficas. El procedimiento consiste en hacer una petición ridícula, presentando esa aportación mínima como algo importante a pesar de su insignificancia.
Así por ejemplo: campañas “CON SÓLO 1 EURO AL DÍA UN NIÑO PUEDE ALIMENTARSE”, emplean esta táctica. De esta forma se legitima que incluso una pequeña ayuda nos permite ser coherentes con nuestros valores, ya que esa mínima contribución se presenta como muy estimable. Por otra parte, rechazar esa petición no nos permitiría sentirnos satisfechos con nosotros mismos ni coherentes con nuestros propios valores de solidaridad.
Lógicamente, en la farmacia no solemos recaudar dinero para organizaciones benéficas. No obstante, la premisa de esta táctica: una pequeña cantidad nos permite ser coherentes con nuestro compromiso, es utilizada en una técnica para deshacer objeciones: dividir el resultado. Pero de las técnicas para deshacer objeciones hablaremos en futuras entradas.


NOTA:
(1).- Cialdini, Robert B. and David A. Schroeder. “Increasing Compliance by Legitimizing Paltry Contributions: When Even a Penny Helps”. Journal of Personality and Social Psychology, 34 (1976): 599-604.

lunes, 27 de agosto de 2018

Cómo vender más usando principios de psicología 2: El principio de coherencia y el compromiso

El principio de coherencia alude al hecho de que se está mucho más dispuesto a aceptar algo si la propuesta se corresponde con compromisos o afirmaciones que previamente se han hecho. Es decir, tendemos a intentar mostrar conductas coherentes con nuestros comportamientos previos, incluso cuando los comportamientos previos no fueron muy meditados. Esto explica por qué, por ejemplo, es más difícil captar a un nuevo cliente que mantener a uno que ya se ha obtenido.
Lo que activa en nosotros el principio de coherencia es el compromiso. Si conseguimos que alguien se comprometa con algo, ya hemos creado las condiciones para que siga su tendencia natural y trate de ser coherente de una manera automática e irreflexiva.
Un ejemplo de cómo actúa la coherencia lo podemos ver en las películas de la saga “Regreso al Futuro”. En estas películas, el protagonista, Marty McFly, encarnado por Michael J. Fox, suele ser tentado por su rival a algún tipo de acto arriesgado. Marty, en principio, se niega, ya que sabe que no le conviene. Entonces es cuando su rival aplica el principio de coherencia en su contra diciendo:
-“¿Qué te pasa, McFly? ¿Eres un gallina?
De este modo, el protagonista acepta para demostrar que no es un gallina y que es coherente con su valentía, aunque su decisión no sea la más idónea para él.
Una vez hemos tomado una decisión o adoptado una postura, tendremos presiones personales e interpersonales para comportarnos de acuerdo con ese compromiso. Esas presiones nos harán responder de manera que justifiquemos nuestra decisión anterior.
Si además escribimos esa postura con nuestro puño y letra, su poder de compromiso todavía es más acentuado. Y si la hacemos pública, aún seremos más reticentes a cambiarla. De aquí que haya mucha gente que se entozudece en una discusión (aún cuando para todo el mundo es evidente que no tienen razón), porque al hacer pública nuestra postura seremos todavía más reticentes a cambiarla ya que nos gusta mostrarnos como personas firmes frente los demás.
De cara a los demás, nos comprometen fundamentalmente los actos públicos, no tanto las ideas o las opiniones, en las que sería más fácil justificar un cambio.
Existen multitud de estudios y ejemplos relevantes. Les explicaré dos que me parece que resumen bien este principio.
Uno es un experimento realizado por el psicólogo social Steven J. Sherman (1). Visitó a una muestra de residentes en Bloomington (Indiana) como parte de una encuesta que estaba realizando y les preguntó cuál sería su respuesta si alguien les pidiera que dedicaran tres horas a hacer una colecta para la Sociedad Americana de Lucha contra el Cáncer. No queriendo mostrarse poco caritativos ante el encuestador o ante sí mismos, muchos de ellos afirmaron que se ofrecerían voluntarios. La consecuencia de este sutil compromiso fue un aumento del 700 por 100 en el número de voluntarios cuando, pocos días después, les visitó un representante de la citada sociedad para pedirles que recaudaran fondos en el vecindario. Como pueden ver, “con compromisos iniciales triviales se logran abnegaciones de gran importancia.
El segundo ejemplo se centra en los estudios del psicólogo Edgar Schein (2) sobre los prisioneros americanos durante la guerra de Corea: Mientras “sólo unos pocos hombres consiguieron evitar toda colaboración, la mayoría colaboraron en uno u otro momento”. Los americanos se quedaron atónitos al descubrir que en las prisiones chinas donde se encarcelaban apenas había fugas. De hecho, muchos de los intentos de fuga eran delatados por los propios presos americanos.
¿Cómo (los chinos) habrían conseguido que esos hombres les proporcionaran información militar, delataran a sus compañeros o denunciaran públicamente a su país?
Los estadounidenses creían abrumadoramente que los prisioneros de guerra que habían colaborado con el enemigo lo hicieron porque les habían lavado el cerebro, (esa fue la expresión que empleó el periodista británico Edward Hunter).  Pero, de hecho, como se hizo bastante obvio a partir de las historias de estos prisioneros, el motivo era la estrategia psicológica que los chinos emplearon:
Empezaban interrogando un preso sobre qué creía que se podía mejorar de la cultura yanqui y qué le gustaba de la cultura china. Una vez respondía, le tendían una hoja de papel y le pedían que escribiera una redacción completa sobre eso. Después, le hacían leer la redacción a través de la radio de la cárcel.
A lo largo de este proceso, al preso americano le empezaban a asaltar sentimientos de haber colaborado con el enemigo sin que le hubieran coaccionado o presionado forzosamente, al fin y al cabo la redacción había sido escrita por él.
De esta forma (para ser coherente con sus actos), terminaba alterando la imagen que tenía de sí mismo. Y eso reforzaba su propia percepción de colaborador con los chinos, lo cual a su vez provocaba más actos de colaboración.
Resultó ser un método especialmente eficaz para sonsacar confesiones, autocríticas e información durante los interrogatorios

En las cárceles chinas se estaba utilizando una variación de una técnica de ventas basada en el principio de coherencia: el pie en la puerta. Conseguir poco a poco una implicación cada vez mayor por parte de alguien. Así, la necesidad de ser coherente con sus actos irá jugando a tu favor hasta que obtengas de esa persona el nivel de implicación que deseas.

Muchas organizaciones comerciales emplean habitualmente este planteamiento. La estrategia de ventas consiste en conseguir pedidos importantes empezando por otros menores.  Cualquier venta pequeña servirá, porque la finalidad de las transacciones menores no es el beneficio, sino el compromiso, del cual se espera que surjan compras posteriores (mucho mayores) de forma natural.

Otro ejemplo de la técnica del pie en la puerta es el siguiente: En 1966, los psicólogos Jonathan Freedman y Scott Fraser publicaron un sorprendente conjunto de datos, correspondiente a un experimento (3) en el cual uno de los investigadores, camuflado como colaborador desinteresado, había recorrido de puerta en puerta un lujoso barrio de California haciendo una petición absurda a los propietarios de las viviendas. Les pedía que autorizasen la instalación de una valla publicitaria de contenido cívico-social en el jardín de su casa. Para que se hicieran una idea de cómo quedaría, les enseñaba una fotografía de una bonita casa oculta detrás de un cartel enorme y muy poco atractivo que decía: “CONDUZCA CON CUIDADO”. Lógicamente, la mayoría de los residentes en la zona rechazaron la petición (sólo un 17 por 100 la atendieron).

Los investigadores repitieron el experimento, pero introduciendo una variación: primero solicitaron a la gente que les dejaran poner una pegatina de 3 pulgadas con el mismo mensaje “AL VOLANTE, SEA PRUDENTE”. Casi todos los propietarios estuvieron de acuerdo en exhibir este mensaje corto mucho menos intrusivo. Sin embargo unas semanas más tarde regresaron  a las casa que habían exhibido la pegatina de 3 pulgadas, esta vez preguntándoles acerca de las enormes vallas publicitarias. El 76% de ellos accedieron a que se utilizara su jardín.
Por tanto, las personas tenían más probabilidades de aceptar una solicitud bastante intrusiva (mostrar una valla publicitaria grande en su jardín), si primero habían aceptado una solicitud mucho más pequeña, (en este caso mostrar una pegatina de 3 pulgadas aconsejando a las personas conducir con precaución).
En otro estudio comprobaron como los televendedores de una ONG lograron incrementar de forma significativa las donaciones de las personas a las que llamaban simplemente añadiendo la pregunta “¿Cómo se encuentra usted esta noche?” (4)
Parece ser que a la gente, tras afirmar que se encontraban bien o muy bien, le parecía raro comportarse de forma tacaña después de haber admitido que sus circunstancias eran favorables. (También están usando la misma táctica del pie en la puerta).
Así, por ejemplo, en otro estudio se puso de manifiesto que, a la semana de haberse enterado de que se les consideraba personas caritativas, un grupo de constructores de New Haven (Connecticut) dio mucho más dinero a un postulante de la Asociación de Esclerosis Múltiple (5).
FUENTES:
Robert Cialdini. Influencia. Ciencia y práctica. Ed: JM Sastre. Barcelona 1990.
REFERENCIAS MENCIONADAS:
1.- Sherman S.J. Cognitive processes in the formation, change, and expression of attitudes. In Zanna, Olson & Herman (Eds.), Social influence: The Ontario Symposium, Volumen 5 (pp. 95-1006)
2.- Schein, Edgar H. Persuasión coactiva: Un análisis Socio-psicologico de "Lavado de cerebro" de presos civiles americanos por los comunistas chinos. W.W. Norton. Nueva York 1971: ISBN0-393-00613-1.
3.- Freedman Jonathan L. and Fraser Scott C. Compliance without pressure: the foot in the door technique. Journal of Personality and Social Psychology 1966, Vol. 4, No. 2, (pp. 155-202)
4.- Weyant James M. Applying Social Psychology to Induce Charitable Donations. Journal of Applied Social Psychology, 1984, 14, 5:pp. 441-447.
5.- Kraut  Robert E.  Effects of Social Labeling on Giving to Charity.  Journal of Experimental Social Psychology 1973,  9: pp551-562